Coyoacán es de esos lugares hechos para ir de la mano. Un paseo por Francisco Sosa, una banca frente a la Fuente de los Coyotes, un café compartido y una nieve al atardecer: el plan romántico se arma solo.
Cierra la tarde con una cena tranquila o un mezcal en alguna terraza del centro. Entre calles empedradas y luz cálida, el barrio pone el ambiente.
