Diego Rivera soñó con una “ciudad de las artes” y dejó como legado el Anahuacalli, un edificio de piedra volcánica que parece un templo prehispánico brotando del pedregal. Se levanta en San Pablo Tepetlapa, al sur de Coyoacán.
Adentro resguarda miles de piezas de arte precolombino que Rivera coleccionó toda su vida, bajo techos decorados con mosaicos que él mismo diseñó. Abrió en 1964, después de su muerte, y sigue siendo uno de los espacios más impresionantes —y menos visitados— de la ciudad.
